Lavado dating


09-Oct-2017 13:35

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Y en cuanto a vecinos y conocidos, todos rendían buen testimonio, diciendo que era un sujeto amable y tranquilo.

Nuevamente surgía algo de duda, pero la certeza regresó cuando, tras efectuar una autopsia, se encontró, mediante exámenes de ADN, que el semen encontrado en el cadáver de María pertenecía a Gilberto…

Ahora Gilberto era el principal sospechoso, y todo empeoró para él cuando se constató que, la funda de basura usada para intentar cubrir el cadáver de María, era del tipo de fundas que empleaba el personal de limpieza del sitio en que Gilberto trabajaba…

Por otra parte, los compañeros de trabajo de Gilberto dijeron que sí acudió a trabajar la noche del crimen, y que no notaron nada raro en él.

Y decimos que era para satisfacer sus deseos lascivos ya que, todas las que le dieron el número, recibieron después llamadas de acoso sexual… La Policía empezó a sentirse segura de que sí cuando, tras encontrar el teléfono móvil de María, vieron a través de un registro de llamadas que, justo en las horas en que desapareció María, desde su celular se efectuaron dos llamadas, de entre cinco y seis minutos, a lugares en que se ofertaba sexo telefónico… , ¿era esa una conducta propia de una mujer no-lesbiana?

, y eso, claro está, además de que las llamadas, como ya se dijo, fueron cronológicamente cercanas al momento del crimen…

Una vez que Gilberto consiguió el empleo como cuidador, no se sintió capaz de resistir a la tentación de delinquir nuevamente con una de las jóvenes estudiantes universitarias de la Facultad de Derecho que estaba cerca de su trabajo.

En su sadismo, gustaba de ensartar a las víctimas con un bastón que les metía en la parte íntima y les sacaba por la boca…

Ya después, cuando en 1988 consiguió un taxi, recorrió las calles de Machala hasta 1993, buscando víctimas que, en general, eran jóvenes, estudiantes, y andaban solas.

El anterior fue el caso de Rosa Benavides, universitaria cuya madre, Lola Román, recuerda como una chica “tranquila, estudiosa y feliz”.

Y para colmo de males, tanto en el caso de Rosa como en otros, Gilberto acudió al funeral de la víctima, costumbre muy cínica que tenía acentuada, tal y como expresan las palabras del policía ecuatoriano Fausto Terán: “Muchas eran madres de las víctimas, quienes le conocían como un hombre tranquilo y educado que había acudido a los velorios con pesadumbre” Volviendo a su modus operandi, vemos que, tanto su facilidad de palabra como el uniforme militar que a veces usaba, le facilitaban conseguir que las jóvenes (en general de 17 a 24 años, aunque también mató a dos de 14 y 16 años) lo acompañaran hasta una vieja casa, donde las estrangulaba y abusaba de ellas.

Respecto a eso, el propio asesino admitió lo siguiente: “Primero les ponía una mano en la boca, la otra en la garganta y así las mataba, pero para asegurarme luego las ahorcaba con una cuerda o alambre” Cecilia Cajamarca fue su primera víctima.Su cuerpo fue encontrado dos días después a pocas manzanas del cine de Illa de l”Oci: tenía un pañuelo atado al cuello, estaba metido en una funda de basura y tenía signos de haber sido salvajemente violada…